RACI

Cuando la sociedad civil imagina nuevos futuros

Esta nota retoma y adapta un artículo publicado originalmente por la Charles F. Kettering Foundation en el marco de su serie “Resilience & Resistance”, incorporando aprendizajes del ciclo de Diálogos Transformadores para la Sociedad Civil impulsado junto a CONNECTAS y aliados regionales.

América Latina atraviesa un momento de profundas transformaciones. El aumento de la desigualdad, los retrocesos en materia de derechos, la creciente polarización política y la reducción del espacio cívico configuran un escenario desafiante para las organizaciones de la sociedad civil. A esto se suma la caída del financiamiento internacional, que pone en riesgo la sostenibilidad de miles de iniciativas que históricamente han estado en la primera línea de la defensa de la democracia, los derechos humanos y el ambiente.

En este contexto, lejos de retraerse, la sociedad civil de la región está dando señales claras de resiliencia, adaptación y reinvención. Desde RACI, junto a CONNECTAS, la Red Comuá y otros aliados regionales, impulsamos durante 2025 el ciclo de Diálogos Transformadores para la Sociedad Civil: una serie de encuentros que reunieron voces de toda América Latina para reflexionar colectivamente sobre los desafíos actuales y, sobre todo, imaginar caminos posibles hacia el futuro.

Este ciclo no se pensó únicamente como un espacio de intercambio, sino como un ejercicio colectivo de construcción de sentido en un momento donde muchas certezas están en crisis. A lo largo de cuatro encuentros centrados en diversidad e inclusión, crisis ambiental, migración y democracia, emergieron reflexiones clave que permiten entender mejor el momento que atraviesa el sector.

Uno de los ejes más presentes fue la necesidad de abordar la diversidad y la inclusión de manera integral. Los avances logrados en las últimas décadas conviven hoy con el crecimiento de discursos anti-derechos que buscan limitar esos logros. Frente a esto, las organizaciones están fortaleciendo redes, ampliando narrativas y recuperando espacios de participación. La visibilidad deja de ser solo una estrategia de comunicación para convertirse en una herramienta de defensa y afirmación de derechos. En este sentido, la inclusión aparece profundamente vinculada a otras dimensiones como la educación, la salud, la vivienda y la justicia económica, y su defensa se vuelve inseparable de la defensa de la democracia.

La crisis ambiental fue otro de los temas centrales. Más allá de su dimensión ecológica, se planteó como una crisis que también interpela los derechos, la participación y las formas de vida. Una de las principales conclusiones fue la necesidad de transformar las formas en que se comunica esta problemática: salir de lenguajes excesivamente técnicos o alarmistas y acercarla a la vida cotidiana de las personas. Hablar del ambiente es hablar del agua que consumimos, del aire que respiramos y de las comunidades que defienden sus territorios. En este punto, el cuidado colectivo emerge como una narrativa potente que conecta la agenda ambiental con la justicia social y la democracia.

En relación con la migración y el desplazamiento, los diálogos propusieron un cambio de enfoque: dejar de pensar la migración como un problema y empezar a entenderla como una realidad estructural de nuestro tiempo. Las políticas restrictivas no han resuelto la situación, sino que han profundizado los riesgos para las personas migrantes. En muchos casos, las organizaciones de la sociedad civil se han convertido en actores fundamentales para garantizar derechos básicos, brindando asistencia, acompañamiento y protección. Sin embargo, este trabajo enfrenta crecientes limitaciones, especialmente en términos de financiamiento, lo que refuerza la necesidad de construir alianzas entre sectores y promover narrativas que pongan en el centro la humanidad y las contribuciones de las personas migrantes.

Finalmente, el eje de democracia y gobernanza invitó a repensar el concepto mismo de democracia. Más allá de las instituciones formales, se planteó la necesidad de volver a conectar la democracia con la vida cotidiana de las personas: en los territorios, en las redes de cuidado, en las formas de organización comunitaria. En contextos de desconfianza, polarización y desgaste institucional, reconstruir el vínculo entre ciudadanía y política requiere recuperar una base ética centrada en la dignidad humana y el cuidado del planeta. La democracia se fortalece cuando se vuelve tangible en la vida diaria, a través de políticas y prácticas que garanticen bienestar, derechos y oportunidades.

A lo largo de los cuatro encuentros, emergieron además dos elementos transversales. Por un lado, la cooperación como principio ético, más allá de su rol como mecanismo de financiamiento. En un contexto de recursos cada vez más escasos, la colaboración, la solidaridad y las alianzas —muchas veces inesperadas— se vuelven claves para sostener y potenciar el trabajo del sector. Por otro lado, el rol de las narrativas como herramienta de transformación. En un escenario atravesado por la desinformación y los discursos de odio, disputar el sentido, contar historias desde la evidencia, la empatía y la esperanza, se vuelve una forma central de incidencia.

Lo que atraviesa todas estas reflexiones es una idea compartida: incluso en contextos adversos, la sociedad civil latinoamericana mantiene una enorme capacidad de reconstrucción, innovación y proyección hacia el futuro. Lejos de limitarse a resistir, está también creando, proponiendo y abriendo nuevos caminos.

Estos aprendizajes no solo reflejan un diagnóstico, sino también un punto de partida. Son insumos que alimentan procesos más amplios, como la iniciativa Reimaginando el futuro de la sociedad civil y que buscan fortalecer el rol del sector en un contexto global en transformación.

Porque, incluso en tiempos de incertidumbre, sigue vigente una convicción: la sociedad civil no solo responde a las crisis, sino que también tiene la capacidad de imaginar y construir lo que viene.

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