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Financiamiento no es representación (extranjera)

Que una organización reciba cooperación internacional no significa que actúe en nombre de un interés extranjero. Conviene desarmar esa confusión, porque de ella se construyen los argumentos para cerrar el espacio cívico.

Circula una idea tramposa: que si una organización de la sociedad civil recibe fondos del exterior, entonces actúa en base a intereses extranjeros. Es un salto lógico falso.

El origen de los recursos nunca determina, por sí mismo, a quién se representa. El Estado recibe financiamiento de organismos multilaterales. Las universidades reciben becas y fondos de investigación internacionales. Las empresas reciben inversión extranjera. A nadie se le ocurre decir que por eso dejan de ser argentinas o que responden a una potencia foránea. La cooperación internacional es un insumo, no un mandato.

Las organizaciones argentinas están inscriptas en Argentina, responden a marcos legales argentinos, rinden cuentas ante organismos argentinos y trabajan junto a comunidades argentinas. El origen de un aporte no cambia ninguna de esas cuatro cosas.

Una organización de la sociedad civil argentina se constituye bajo la ley argentina. Se registra ante la Inspección General de Justicia o los organismos provinciales que correspondan. Tiene una comisión directiva argentina, obligaciones fiscales argentinas y auditorías que se presentan acá. Su misión la define su estatuto, no su financiador. Y sus beneficiarios —las personas y comunidades para las que trabaja— están en el barrio, en la provincia, en el país. El impacto se queda acá.

La cooperación internacional, además, es una vía de doble mano. Argentina recibe, pero también aporta: conocimiento, experiencia, liderazgo regional en agendas que ningún país resuelve solo, como el ambiente, la salud, los derechos humanos o la transparencia. Sospechar de quien recibe un fondo es sospechar de la forma misma en que el mundo enfrenta problemas comunes.

Por eso importa mirar con cuidado el argumento. Equiparar financiamiento con representación extranjera no describe cómo funcionan las organizaciones: instala una sospecha sobre su origen que nada tiene que ver con lo que hacen ni con quiénes responden. Y una vez instalada, la sospecha pesa más que los hechos.

Las organizaciones de la sociedad civil no le tienen miedo a la transparencia: la piden, la practican y la defienden. Publican sus fuentes de financiamiento, rinden cuentas y se someten a controles. La transparencia fortalece la democracia. La sospecha automática la debilita. Exigir rendición de cuentas es legítimo; convertir el financiamiento internacional en una presunción de deslealtad no lo es.

Las democracias fuertes necesitan una sociedad civil fuerte. Y una sociedad civil fuerte necesita poder colaborar, aprender y financiarse en un mundo cada vez más interdependiente. Confundir cooperación con subordinación no aumenta la transparencia ni protege el interés nacional. Sólo instala sospechas donde deberían discutirse hechos. Porque el financiamiento puede venir del exterior; el compromiso, la responsabilidad y el impacto están en la Argentina.

 

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