RACI

Transformemos el Relato: aprendizajes del ciclo

Entre octubre y noviembre impulsamos el ciclo “Transformemos el Relato”, tres conversaciones que nacieron de una inquietud compartida: ¿cómo se construyen hoy las narrativas sobre la sociedad civil y qué necesitamos transformar para que representen mejor la realidad, la diversidad y la potencia de nuestras organizaciones?

A lo largo de estos encuentros —local, global y regional— reunimos periodistas, activistas, líderes comunitarios, referentes en innovación y especialistas en cooperación internacional. Cada conversación abrió una capa distinta del mismo desafío: cómo narramos lo que hacemos, cómo nos perciben y qué lugar ocupa la sociedad civil en un mundo atravesado por la polarización, la desinformación y la desigualdad.

1. Narrarse hacia adentro: percepciones y legitimidad en Argentina

El primer encuentro nos invitó a detenernos en el plano local. ¿Cómo se percibe a la sociedad civil en Argentina? ¿Qué imaginarios circulan? ¿Qué prejuicios se repiten? ¿Qué silencios persisten?

Paula Celestino Ayala (Directora Adjunta de Desarrollo Institucional en Hábitat para la Humanidad Argentina), Paula Moreno Román (Presidenta del Foro de Periodismo Argentino – FOPEA) y Laura Durán (Directora de Comunicación y Prensa en Amnistía Internacional Argentina) coincidieron en que gran parte de la discusión pública sobre las OSC se da desde una mirada fragmentada, muchas veces reducida a la idea de asistencia o “buena voluntad”. Pero la sociedad civil, como quedó claro, no es un actor secundario, sino un entramado que produce datos, conocimiento, legitimidad social y soluciones que el Estado y el sector privado no alcanzan a ofrecer.

El resultado fue una mirada más honesta y más profunda: no podemos transformar la percepción pública si no revisamos primero cómo nos narramos a nosotros mismos.

2. Narrativas globales: desarmar el centro, redistribuir la voz

El segundo webinario llevó la conversación a escala internacional. Aquí el foco estuvo en cómo las narrativas globales moldean quién tiene —o no— voz dentro del sistema de cooperación.

Durante mucho tiempo, la narrativa dominante sobre el desarrollo se sostuvo desde el Norte Global: relatos centrados en el rescate, la caridad y la idea de que ciertos grupos “necesitan ser salvados”. Ese modelo, como recordó Charles VanDyck, sigue condicionando qué decisiones se toman, qué voces son escuchadas y qué conocimientos se consideran válidos.

Este encuentro dejó un mensaje claro: modificar la narrativa no es cambiar palabras, sino redistribuir poder. Significa dejar de hablar de “beneficiarios” y comenzar a reconocer a las comunidades como co-productoras de bien público, autoras de soluciones y creadoras de saberes. Significa que la cooperación internacional debe escucharse a sí misma y revisar estructuras, no solo discursos.

Ruby Quantson Davis lo sintetizó con una visión de futuro: una narrativa más equitativa es aquella en la que las decisiones se toman colectivamente y donde las voces locales no se consultan al final, sino que marcan el rumbo desde el principio.

3. Una mirada latinoamericana: cultura, territorio y tecnología para reconstruir confianza

El tercer encuentro nos devolvió al territorio, pero desde un territorio amplio: América Latina. Allí, las discusiones adquirieron un tono distinto, profundamente vinculado a la memoria colectiva, a las luchas históricas y al papel central de la sociedad civil en la conquista de derechos.

Rodrigo Savazoni recordó que la sociedad civil latinoamericana fue durante décadas un pilar para conquistar justicia y reducir desigualdades. Sin embargo, en los últimos tiempos, ese campo aparece debilitado por la fragmentación política, la desinformación y el avance de narrativas simplificadas. Pero también existe una reserva inmensa de creatividad, comunidad y colaboración que sigue latiendo. Como dijo Savazoni, “la generosidad y el compromiso son palabras clave —y deben ser recíprocas— para construir una narrativa conjunta que atraviese luchas y nos permita actuar de manera coherente en el mundo”.

Esa reflexión encontró eco en la intervención de Citlali Camacho, quien puso el foco en la importancia de escuchar a las comunidades desde sus propios marcos. “No se trata de ‘dar voz’ —la voz ya está—; se trata de dar un paso atrás para escuchar lo que las comunidades vienen diciendo hace tanto tiempo.” Las narrativas regionales deben nacer allí, en el territorio, no en los informes ni en los centros de diseño de políticas.

Y desde Chile, Eugenio Vergara completó el triángulo recordando que la tecnología, bien usada, puede ser una fuerza democratizadora que permite que más personas produzcan contenido y visiones propias: “la tecnología bien usada nos permite ser generadores de contenido, y ese es un elemento que nos empodera”.

En ese cruce entre cultura, territorio y tecnología encontramos una clave profundamente latinoamericana: la imaginación también es política. Y es desde esa imaginación que pueden surgir narrativas de esperanza, cooperación y futuro compartido.

El ciclo “Transformemos el Relato” dejó aprendizajes, pero sobre todo dejó dirección.

— No hay transformación posible sin revisar las historias que sostenemos.
— No hay legitimidad sin presencia y sin vínculos reales.
— No hay narrativa justa si las voces centrales siguen quedando en los márgenes.
— No hay futuro plural si seguimos narrándonos desde paradigmas heredados.
— No hay cooperación equitativa si las comunidades no son autoras de su propio relato.

Hoy, más que cerrar un ciclo, abrimos un camino: el de seguir construyendo narrativas más honestas, más colectivas y más nuestras, que reconozcan todo lo que la sociedad civil ya es —y todo lo que aún puede llegar a ser.

back to top