La profesionalización de las OSC

En las últimas décadas, las Organizaciones sin fines de lucro estuvieron atravesando una transformación: cada vez tienen más características empresariales. Según Lester Salamon, del Centro para Estudios de la Sociedad Civil de la Universidad John Hopkins, este cambio es global y se ha dado con más vigor en los países más desarrollados, donde el sector de la Sociedad Civil tiene una mayor participación en la economía. En este sentido, no es raro que una OSC venda productos o servicios para recaudar Fondos.

Esta tendencia parece ir de la mano con el cambio en el financiamiento por parte de los gobiernos, que desde la década de los ’80 ha venido subvencionando al Tercer Sector, cada vez más, mediante contratos. De acuerdo al Consejo Nacional para Organizaciones Voluntarias (NCVO, por sus siglas en inglés), el porcentaje de este tipo de financiamiento por parte del gobierno del Reino Unido pasó del 49% al 81%. Esto ocasionó que muchas OSC buscaran estabilizar su ingreso, ahora menos predecible, por medio de la venta de bienes y servicios, como por ejemplo Sue Ryder, una organización que ayuda a financiar sus hospicios con tiendas de segunda mano.

Esta profesionalización empresarial comenzó a atraer más jóvenes, que comenzaron a buscar cualificaciones a medida de las nuevas organizaciones. Las universidades comenzaron a poner a disposición más cursos y carreras relacionadas con la filantropía y la gestión de OSC (en Estados Unidos, el número de carreras universitarias relacionadas al sector de la Sociedad Civil creció de 284 en 1986 a 651 en 2016), y el trabajo en el sector se volvió más atractivo para graduados de otras carreras. De la misma manera, el sector comenzó a atraer a donantes y financistas que querían estar más involucrados y formar parte de los boards.

La profesionalización también se ve en la demanda de recaudadores de Fondos experimentados, que según Michael Nilsen, de la Asociación de Profesionales en Recaudación de Fondos, ha crecido rápidamente. Esto ha dado como resultado una mayor cantidad de estudios y técnicas en recaudación, desde el efecto que tienen las diferentes formas de promoción (marketing) en la satisfacción de los donantes y en las futuras donaciones, hasta mejores formas de atraer a grandes donantes.

Una de las mayores diferencias que aún persiste entre empresas y organizaciones de la Sociedad Civil es el acceso a capital. A diferencia de las empresas, una OSC no puede vender acciones, ya que no puede generar ganancias para pagar a sus accionistas. Pero nuevos tipos de prácticas están intentando llenar la brecha dejada por esa imposibilidad. Una es la “inversión de impacto”, que ha ido creciendo en los últimos años,  en la que se espera un retorno filantrópico en lugar de, o además de, uno financiero. Otra es la posibilidad de que un tercero (una fundación o gobierno) sea garante de préstamos a Organizaciones de la Sociedad Civil, de manera que tome el riesgo si la OSC no puede pagarlo de vuelta.

Pero, por supuesto, la transformación hacia organizaciones con características empresariales también tiene sus críticas. Las prácticas de recaudación de Fondos, específicamente el intercambio de datos entre recaudadores, fueron puestas en cuestión en el Reino Unido en 2015, cuando el bombardeo de cartas de súplica por donaciones a una donante podrían haber jugado algún papel en su suicidio. Algunas organizaciones también recibieron críticas con respecto al aumento que vienen teniendo los ejecutivos en sus sueldos, que ya se acercan a los percibidos por ejecutivos empresariales.

Algunos temen que si la línea que separa empresas y OSC sigue borrándose, los donantes y voluntarios tendrán menos incentivos para donar su tiempo y dinero. Por otro lado, también hay quienes piensan que las OSC con características empresariales estarían mejor equipadas para sobrevivir y crecer, y por lo tanto para tener una mayor capacidad de impactar.

Fuente: http://econ.st/2jSGVmZ